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31 Ago 2016

Reafirmando el valor del Gobierno Electrónico

Iris Palma | @irispalma11
Economista Empresarial y Maestra en Políticas Públicas para el Desarrollo Social. Embajadora OKFN en El Salvador. Directora de DatosElSalvador.org

El Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo del Gobierno Electrónico 2016 nos deja muchos hechos sobre los cuales reflexionar.  En primer lugar, celebramos la novena edición del Informe retomando el loable principio de la Agenda 2030: Sin dejar a nadie atrás, que se conjuga con el progreso tecnológico que debería motivarnos a transformar la forma en que las políticas públicas son formuladas, implementadas y monitoreadas[1].  Un reto que aún continúa siendo tema de discusión en las mesas de la agenda política de muchos de los países de nuestra región latinoamericana.

En segundo lugar, nos refresca la memoria de cuando el gobierno electrónico era la meta (o mejor dicho la base) de una buena y eficiente administración pública mediada por las tecnologías.  Ahora en la era del gobierno abierto, pareciera que hablar de gobierno electrónico es cosa ya dada por hecho y que su impacto es meramente incorporar tecnologías (computadoras, internet y redes sociales) en la gestión pública, cuando realmente no debemos olvidar que como bien ha sido dicho, “el [gobierno electrónico] está vinculado vitalmente a las iniciativas de Gobierno Abierto, dado que ninguna otra vía de colaboración e intercambio de información puede ofrecer niveles de difusión y participación comparables a los canales de [gobierno electrónico]. La probabilidad de que los ciudadanos participen en el proceso de gobierno a través de iniciativas de Gobierno Abierto aumenta sustancialmente cuando se habitúan a utilizar la información y los servicios provistos a través del [gobierno electrónico][2]”.

En tercer lugar, el Informe nos presenta un recorrido por los inevitables retos que tenemos como gobiernos a evolucionar rápido y acertadamente al ritmo de las tecnologías.  Tal como nos dice el Informe, allá por el 2005 cuando Túnez fue la sede de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, hablar de big data, del internet de las cosas, sistemas de georreferenciación, analíticas predictivas para cimentar estrategias de gobierno electrónico enfocadas al ciudadano, era aún muy temprano.  Una década después, estas tecnologías han demostrado un impacto positivo (y vale decir hasta inspirador) en algunos países, que sin dejar de lado las tecnologías tradicionales han comprendido que las tecnologías no caben dentro de un paradigma estático de prestación de servicios, sino más bien, son una corriente que fluye a quienes quieran navegar sobre sus tendencias.

En cuarto lugar, al leer el Informe no deja de doler el hecho que, a pesar de las buenas intenciones, seguimos tratando de inventar la rueda sobre las estrategias de gobierno electrónico.  Portales de gobierno electrónico (centralizados o temáticos), sistemas de ciberseguridad, estándares y/o plataformas de interoperabilidad, automatización de trámites, pagos en línea, notificaciones y transacciones en línea, expedientes y/o identificaciones digitales, firma electrónica, archivos electrónicos, entre otros instrumentos propios del gobierno electrónico, están aún ausentes en muchos de nuestros países que parece no comprender que los cimientos de la participación y colaboración con los ciudadanos requiere de una antesala que solo puede darla una buena (y real) implantación de estrategias de gobierno electrónico.

Finalmente, los datos en el Informe sobre mi país no son los más prósperos[3], vamos en caída en dos de los tres componentes del índice de Desarrollo de Gobierno Electrónico, y en el de e-Participación.  Probablemente hay muchas explicaciones para este desempeño, pero sin duda, hay un factor común cuando vemos los resultados de otros países en la región: estamos confundiendo el gobierno electrónico con el gobierno abierto, vemos a los datos abiertos gubernamentales solo desde la perspectiva de transparencia al ciudadano, cuando su potencial para mejorar los canales de interoperabilidad es vasto, y lo más importante es que hemos dejado de lado que la construcción de estrategias de gobierno electrónico es un trabajo serio.

[1] Informe de Gobierno Electrónico 2016.  Traducción propia al español.

[2] David Fletcher, Director de Tecnología del Estado de Utah, EE.UU. Entrevista a Boletín OEA.  En la entrevista original se refiere a e-gobierno; para efectos de esta publicación se hace referencia a su concepto en español, como gobierno electrónico.

[3] La última edición del Índice (2016) posiciona a El Salvador en el número 104 de 193 economías, con una calificación de 0.4718 por debajo de la calificación de 0.4989 en el 2014.  La posición en el ranking del 2014 fue la 88 de 193 economías.

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