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30 Ago 2016

Participación Ciudanana a la Medida

Yamil Gonzales | YamilG
Lead Designer @ Acklen Avenue

Uno de los pilares fundamentales en el concepto de Gobierno Abierto es la participación, esta se manifiesta en forma de, por ejemplo, consultas ciudadanas, deliberación con los ciudadanos o el co-diseño de políticas públicas; a su vez, para que estos procesos se logren llevar a cabo, se desarrollan herramientas que los facilitan. La creación de herramientas de participación ciudadana no es una actividad novedosa en sí, existen un sinnúmero de ejemplos de cómo se han ideado, ejecutado y como han impactado en el pasado, un par de ejemplos notables son: Del Dicho al Hecho una herramienta que permite medir el cumplimiento de las promesas legislativas presidenciales contenidas en los programas de gobierno y en los discursos que dan las autoridades electas; y el proyecto Barrios en Acción, que promueve la participación de la comunidad en estrategias de prevención, a través de la identificación de problemas de convivencia y entorno urbano. Pero, más allá del uso tecnológico y los grandes números que en una herramienta de analítica se pudieran mostrar, ¿están estas herramientas realmente cumpliendo su propósito, se han considerado las variables necesarias al momento de diseñarlas… podrían ser mejores?

A juzgar por las características de más de 30 herramientas de participación ciudadana que en los últimos meses he tenido la oportunidad de examinar, uno de los primeros puntos a considerar en pro del diseño de mejores herramientas de participación ciudadana es enfatizar todavía más la idea que no todos los ciudadanos comparten las mismas características, idea que si bien se manifiesta en cierta forma en las herramientas examinadas, no alcanza en la mayoría de casos la profundidad necesaria. Por ejemplo, muchas propuestas se materializan en forma de una aplicación móvil; considerando que existen dos plataformas móviles predominantes, Android y iOS, los creadores han decidido crear dos versiones de su aplicación móvil, una para cada plataforma, sin embargo, no se han planteado preguntas todavía más fundamentales como: “¿a qué porcentaje de la población estamos llegando con nuestra aplicación móvil?”a pesar que un ciudadano posea un dispositivo móvil ¿tienen los conocimientos técnicos necesarios para instalar nuevas aplicaciones en él?“¿posee una cuenta válida en la tienda de aplicaciones que le permita acceder y descargar de forma oportuna nuestra aplicación“¿poseen los interesados un plan de datos o acceso a una red inalámbrica que les permita descargar nuestra aplicación” quizá después de responder estas preguntas nuestra perspectiva cambie y, de repente, una aplicación móvil no es la única respuesta al problema, por lo menos no si pretendemos realmente ser inclusivos. En otras ocasiones no se trata ni siquiera de si nuestro público tiene acceso a los medios necesarios y si tiene el interés de participar, sino de las preferencias en cuanto a consumo de información y medios de participación; ¿prefieren nuestros usuarios recibir información vía mensajes de Whatsapp o interactuar a través de mensajes SMS? ¿desean interactuar a través una interfaz web o prefieren una persona a quien poder llamar vía Skype? ¿qué tal un bot de Facebook vs un quiosco electrónico físico ubicado en una estación del autobús?.

Por supuesto, no existen respuestas definitivas a las preguntas previamente planteadas, la repuesta es, muy posiblemente, “depende”, y ese depende es el que debería inclinarnos a una perspectiva de múltiples soluciones vs una única solución que nos de una falsa percepción de éxito.

Los ciudadanos, aunque compartimos ciertas características que nos permite agruparnos, no somos homogéneos, nuestro acceso a ciertas tecnologías y nuestras preferencias de consumo son significativamente diferentes ¿de qué manera estamos considerando este punto al momento de diseñar herramientas de participación ciudadana? vale la pena plantearse la pregunta.

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