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04 Ago 2016

Lecciones aprendidas en la promoción de gobierno abierto

Carolina Cornejo | @cornejocaro
Politóloga en @ACIJargentina

En 2010 comencé a trabajar en la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia, una organización de la sociedad civil (OSC) dedicada a la defensa de derechos humanos y el fortalecimiento de la democracia en Argentina. Estuve a cargo del diseño y promoción de políticas de transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana en entidades de fiscalización superior (EFS) de América Latina. Más allá de esta agenda focalizada en instituciones de control, al embarcarme en 2013 en el proceso nacional de gobierno abierto ante la OGP, me di cuenta de que los principios en los que se basaba mi trabajo con entes técnicos estaban completamente alineados a lo que llamamos “gobierno abierto” (GA). De ello extraigo muchas enseñanzas, que comparto a continuación.

Cuando uno comienza a abordar una agenda poco explorada, no puede prescindir del conocimiento del campo en el que va a buscar incidir. Se trata de tomarse el tiempo para estudiarlo, desde lo micro (la cultura organizacional de la institución) a lo macro (lo que sucede a nivel de otras instituciones y actores que se desenvuelven en el mismo ámbito), y a partir de ello diseñar las estrategias de incidencia. En nuestro caso, nos llevó casi un año documentar experiencias de participación que implementaban las EFS e identificar cómo ellas se relacionaban con estándares internacionales. Ello fue el puntapié para el primer acercamiento a los organismos: presentarles el informe de diagnóstico, un relevamiento de buenas prácticas que podrían marcar los vacíos, oportunidades y sellar una hoja de ruta para reformas más ambiciosas.

Lo que sucede en el plano internacional es muchas veces incentivo y condicionante para emprender reformas a nivel local, y deviene un instrumento clave para promover estrategias de incidencia desde sociedad civil. Los compromisos entablados a nivel internacional, la adhesión a declaraciones globales, las alianzas transnacionales, e incluso los recursos de la cooperación, son herramientas de apoyo para los reformadores locales. Es importante hacer una lectura integral del contexto, identificar aliados y oportunidades específicas. La existencia de instrumentos vinculantes no siempre garantiza que políticas de GA se implementarán, pero estos elementos pueden respaldar las iniciativas y generar un marco propicio para avanzar la agenda.

La mera voluntad política de quien dirige una institución es necesaria, pero no es suficiente para materializar prácticas de GA, sino que es clave el apoyo de los “implementadores”. El personal “técnico” es un eslabón central en la ejecución de las iniciativas, y a menudo exhibe recelo, propio de la desconfianza inicial hacia las OSC, un actor (1) con el que posiblemente nunca interactuó, (2) cuyas motivaciones a priori desconoce, (3) presuntamente “politizado” o con intereses privados que podrían afectar la calidad de su labor. Subyace también a esta resistencia una percepción de sobrecarga de trabajo que implicará la colaboración, como el temor a que una muestra de apertura desencadene un volumen de “demanda ciudadana” que la institución no pueda absorber. Por ello, la sensibilización de los “implementadores” es fundamental y excede la capacitación: se trata más bien de hacerlos partícipes del diseño de las iniciativas, generando instancias de encuentro con las contrapartes de sociedad civil, pues es en el cara-a-cara donde los intereses e incentivos se revelan, se da lugar a un diálogo sincero sobre lo posible y lo ideal, y se alcanza un consenso, quizás a mitad de camino, pero no por ello menos valioso. En otras palabras, las políticas de GA no pueden ser resultado de una decisión política a alto nivel, sino co-creadas y transversales a toda la institución.

Co-creación implica involucrar también a los “destinatarios”. La sola voz de las OSC no es suficiente para captar la mirada del usuario, del afectado por el problema que se busca resolver a través de GA. Es clave empezar a tender puentes hacia abajo, partiendo de ejes sectoriales ligados a la prestación de servicios públicos (salud, educación, etc.), implicando a organizaciones de base y yendo al terreno a relevar necesidades.

Los cambios en instituciones gubernamentales toman tiempo y los resultados pueden emerger años después. En nuestro caso, aquello que comenzó como un informe de diagnóstico en 2010 devino en el pedido de EFS de la región para que las acompañáramos en proyectos piloto (en 2013 y 2014), en la generación de indicadores de impacto de la participación (en 2015) y en la capacitación del personal a partir de un curso virtual que desarrollamos. Se debe ser receptivo al entorno, paciente y flexible, sin perder de vista pequeños signos -llámense efectos colaterales, o impactos no previstos- que dan cuenta de que hemos aportado nuestro grano de arena.

GA jerarquiza la colaboración y co-creación de políticas, y las estrategias de confrontación difícilmente sean efectivas. A menudo las OSC de incidencia actuamos como “perros guardianes” y nos vinculamos con las instituciones desde la denuncia cuando vemos vulnerados derechos y libertades (y ello es legítimo y oportuno). Sin embargo, al propiciar políticas de GA este enfoque difícilmente nos conduzca a cambios en el entorno que nos proponemos lograr. Es importante priorizar estrategias colaborativas, pero ser reactivos cuando los compromisos acordados no están siendo materializados.

Los principales desafíos tienen que ver con la sostenibilidad de las iniciativas y la medición de su impacto. ¿Cómo trascender el piloto y garantizar el respaldo continuo a políticas de GA? Quizás si empezáramos a trazar indicadores claros y relevantes para medir resultados podríamos tomar enseñanzas de cada experiencia, no sólo de las exitosas. ¿Qué es el éxito: que participen 100 ciudadanos en un foro de consulta sobre servicios, o que la mirada específica de los afectados desencadene respuestas estatales que mejoren las prestaciones públicas? Redefiniendo el modo en que medimos resultados posiblemente logremos acercarnos al impacto real de las políticas de GA, y empecemos a pensar en la colaboración que pregona este paradigma como principio, hecho y derecho. Así estaremos generando cambios sustantivos en la vida democrática de nuestras sociedades y avanzando hacia un Estado abierto.

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