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08 Jul 2015

Entrevista a Lucas Jolías

Gisele Parvanoff

El siguiente artículo fue publicado originalmente en Política Comunicada.

Con miras al XII Foro de Gobierno y Ciudades Digitales de Prince Consulting del próximo 3 de Julio, el politólogo Lucas Jolías (@lucasjolias) nos da su visión sobre las Smart Cities en la región y el impacto de las TIC en la gestión de gobierno.

¿Qué objetivos persigue tras 12 años el Foro de Gobierno y CD?

Luego de más de 12 años, el Foro de Gobierno y Ciudades Digitales de Prince Consulting se ha transformado en un evento referente en la temática en el país. El objetivo que persigue el Foro es ser un lugar de encuentro de expertos, empresas y funcionarios, en donde se compartan experiencias y casos de éxito de gobierno y ciudad digital. A pesar que en los últimos años se han desarrollado varias jornadas y congresos sobre la temática, el Foro tiende a construir una comunidad de todo el ecosistema del gobierno digital, así como a generar mecanismos de intercambio entre funcionarios, empresas e interesados. Algo a destacar del Foro es su continuidad en todos estos años, además de mostrar casos de éxito que luego han sido reconocidos mediante premios nacionales e internacionales.

De las experiencias de Gobiernos locales que se presentarán este año en el Foro, ¿que prácticas resaltas de ellas? 

Este año, además de mostrar casos de éxito a nivel local, el Foro está orientado a organismos nacionales avanzados en temas de e-gov. Sin embargo a nivel municipal, se destacan las experiencias llevadas a cabo por La Plata, San Miguel y la Ciudad de Buenos Aires. En el primer caso, se destaca la experiencia del centro de Monitoreo de La Plata, uno de los más avanzados en el país, ya que además de las tradicionales cámaras de video-vigilancia, el organismo está llevando a cabo un proceso de sensorización y una plataforma de gestión que permite avanzar hacia una ciudad inteligente. En el caso de San Miguel, hace varios años que el municipio está implementando una interesante reforma de la administración pública orientándola al ciudadano, llevando a cabo una reingeniería de procesos que permite agilizar y mejorar los trámites vía web. San Miguel es un buen ejemplo de cómo en muchos casos el e-gov, no simplemente es aplicar tecnología, sino también reestructurar los procesos burocráticos de un municipios. Por último, el caso de la CABA es quizás el más conocido y destacado del país. Desde el área de Gobierno Electrónico la Ciudad se viene implementado hace varios años distintos proyectos relacionados con la mejora de servicios, la unificación de las web de gobierno, así como el desarrollo de diversas plataformas móviles. Debido a su tamaño y complejidad, la Ciudad es un caso de éxito no sólo a nivel nacional sino también regional.

¿Cuál es tu definición personal de lo que es una Smart City?

Exceptuando un pequeño grupo de megalópolis de talla global como San Pablo, DF o Buenos Aires, en nuestra región son legión las ciudades de tamaños medianos o pequeños, insertas en países con geografías, demografías y políticas complejas, donde prima la concentración de riqueza y poder en las Capitales y alguna otra ciudad favorecida. Algunas de estas ciudades son superavitarias y muchas otras padecen de problemas endémicos de sustentabilidad. La falta de densidad poblacional de muchas ellas y las malas comunicaciones físicas con los centros de oferta y demanda juegan como un demérito.

Estas realidades hacen necesario que deba hacerse un replanteo del tema ciudades inteligentes. Queda claro que el concepto es dinámico y evoluciona, que es una idea abierta y en construcción. Eso está muy bien, por supuesto. Lo que parece, au contraire restrictivo, limitante, es que los ranking, indicadores y definiciones sean sólo para grandes o globales, o sean posibles sólo para ciudades con “ilimitados” recursos económico y demográficos en ambientes de alta calidad institucional y ya innovadores.

Un concepto no es ni verdadero ni falso y el criterio para evaluarlo es su utilidad, no la veracidad. Entonces, ¿es útil un concepto que deja afuera “desde el vamos” a la gran mayoría de las ciudades de la región? ¿Cuáles son los principios y valores que queremos rescatar de las ciudades? ¿Que tengan mucha tecnología?

Creo que el camino es encontrar una definición de Smart City, en donde la tecnología  sea un factor necesario pero no suficiente para alcanzar los parámetros de una ciudad inteligente. Una Smart City como aquella que puede adaptarse y autoproducir las condiciones para resolver los problemas y desafíos que la afectan.

Ideas como “Autopoiesis” de Niklas Luhmann o “Ciudad Abierta” de Richard Sennett expresan mejor este espíritu. Bajo esta concepción, tanto grandes ciudades (globales, con altos niveles de riqueza y alta densidad) como aquellas que no lo son, pueden regenerarse y encontrar soluciones a sus problemas particulares en pos de la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. Una ciudad abierta, sin autodeterminación tecnológica, con participación ciudadana en la resolución de problemas y que construya sus propias condiciones de sustentabilidad, es una ciudad inteligente, más allá de sus precondiciones y capacidades económico-geográficas. En definitiva, una Smart City es aquella que desarrolla los mecanismos para autogenerar y reproducir las condiciones exitosas para la solución de sus problemas particulares.

¿Cuáles son los retos que debe asumir la administración pública para aspirar a ser una Smart City ejemplar?

Creo que el principal reto que tienen las administraciones es planificar a largo plazo. En un contexto tan cambiante en términos tecnológicos, un gobierno no puede estar atrás de las ofertas tecnológicas, sino subsumir la tecnología a su planificación de largo plazo. Por ejemplo, gracias al impacto que tendrá (y está teniendo) la Internet de las Cosas, sumado el cambio energético que se viene, creo que las ciudades deben comenzar a planificar una nueva etapa de producción y consumo energético. Me refiero al advenimiento de la energía solar principalmente. En la actualidad estamos viendo un importante proceso de implementación de tecnología en las ciudades (sensores, cámaras, apps, etc), sin embargo el gran salto hacia una Smart City se dará con el cambio de paradigma energético. Que cada hogar pueda producir y distribuir su propia producción energética es un salto evolutivo gigante. Pero para ello, se necesita comenzar a planificar cómo será esto, y los gobiernos (en su inmensa mayoría) tienen muchos inconvenientes para planificar a largo plazo el cambio tecnológico.

¿Cuáles son los desafíos próximos que deben afrontar los gobiernos digitales locales de Argentina ?

El principal desafío es que los municipios “se enreden”, que comiencen a planificar y a trabajar en red entre sí.

Académicos como Saskia Sassen han mostrado hace años cómo las ciudades, y su vínculo económico-político, son hasta casi más importantes que los Estados. Por ejemplo, los ejes Washington-Nueva York-Chicago o Hong Kong-Shanghái-Pekín van a ser más importantes que Estados Unidos o China, por lo que a nivel local tendríamos que empezar a pensar que el relacionamiento entre ciudades podrá ser más importante que las provincias en sí. Por ejemplo el eje Corrientes-Resistencia, o Bahía Blanca-Alto Valle-Neuquén, podrán ser más importantes que una provincia en sí misma. Sin embargo para comenzar a trabajar en red, no sólo hacen falta tecnologías sino también resolver la brecha física (rutas, transporte, etc.). Creo que las ciudades se vuelven “más inteligentes” a medida que comienzan a planificar y trabajar en red con otros pares. Una buena iniciativa sería que las ciudades más avanzadas tecnológicamente, apadrinen a aquellas más atrasadas, de modo de transferirles conocimiento, experiencias y desarrollos.

¿El futuro de las ciudades digitales recae en la tecnología de cuarta generación?

El futuro de las ciudades digitales estará relacionado con la sensorización, el internet de las cosas y el cambio energético (entre muchos otros desafíos). Gracias a Internet de las Cosas y a la “ley de Moore”, producir, almacenar y compartir energía renovable será el gran desafío de las ciudades. Jeremy Rifkin en su último libro (La sociedad de costo marginal cero) explica muy bien este punto.

La tecnología es sólo un medio, no cometamos el mismo error que se cometió cuando se empezaron a construir ciudades “para los autos”. No diseñemos la ciudad en función de la tecnología y menos de sus productos o aplicaciones. En vez de tecnologizar la ciudad, urbanicemos la tecnología.

¿Cuál es tu análisis de la dinámica de las smart cities locales con respecto a las de Iberoamérica?

En términos generales, la problemática a las cuales se enfrentan las ciudades argentinas respecto a las de Latinoamérica es bastante similar. Creo que, a la hora de pensar desafíos, debemos dejar de pensar en términos de país, sino más bien pensar en términos de magnitud. Las problemáticas a las que se enfrenta la Ciudad de Buenos Aires son más parecidas a las de San Pablo, el DF o Madrid, que a las de cualquier otra ciudad de Argentina. Es muy difícil hablar de “las ciudades” en un país como algo homogéneo. Sin embargo, creo que la tendencia actual está fuertemente dominada por una visión tecno-centrista de las Smart Cities. Un componente esencial de una ciudad inteligente es la co-participación y planificación conjunta de las políticas públicas entre funcionarios y ciudadanos, con la finalidad de incorporar la “experiencia del ciudadano o usuario”. Esto no necesariamente implica la aplicación de TIC, sin embargo es una de los desafíos más importantes de las ciudades en la actualidad.

Alejandro Prince y Lucas Jolías, directores de Prince Consulting

¿Qué ventajas tiene para el ciudadano una Smart City?

Al día de hoy, las ventajas son potenciales, y tienen que ver con hacer de las ciudades algo más vivibles, ciudades en donde la convivencia sea una experiencia de formación de la persona. Cuando hoy hablamos de problemas de tráfico, medio-ambiente, residuos o seguridad, estamos haciendo referencia a los problemas de convivencia de una ciudad. Y para mejorar esto no hay que crear ciudades nuevas. El modelo de ciudades “inventadas”, creadas a partir del designio y diseño top-down de un grupo de élite y de la aplicación de sumas multimillonarias, no creo que traigan la solución a este problema.

Ciudades como Songdo (ciudad cercana a Seúl), Masdar (Abu Dabi), y el más cercano a nosotros de Yachay (Ecuador), tienen la idea de que la inteligencia de una ciudad se da principalmente por contar con infraestructuras más inteligentes, cuando en realidad lo importante es crear ecosistemas para tener ciudadanos más inteligentes.

¿Cómo pueden las Smart Cities ayudar a la transparencia de las instituciones municipales y promover el ‘Gobierno Abierto’?

Aunque hoy sean tendencias separadas, creo que hay una relación íntima entre la idea de Smart City y Gobierno Abierto. La participación ciudadana, no sólo a la hora de legitimar gobiernos sino también políticas es un pilar fundamental de ambas tendencias. Los gobiernos cada vez más deben tomar en cuenta la inteligencia y la experiencia del usuario/ciudadano, y las TIC han bajado los costos de transacción de esa participación. Asimismo, avanzar con políticas de apertura de datos que permitan la colaboración entre ciudadanos y gobierno, es también un componente importante de una Smart City. Sin embargo, en la actualidad todavía faltan políticas que permitan entrelazar estas dos ideas.

Creo que en un futuro cercano, hablar de Smart City y gobierno abierto a nivel local será lo mismo, principalmente si tenemos en cuenta que muchos de los equipos que llevan adelante muchas de las iniciativas TIC en municipios, también son los encargados de las políticas de Ogov.

Recordamos que pueden realizar su inscripción y ver la agenda del XII Foro Ciudades Digitales aquí.

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