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24 Ago 2015

De la nube a la niebla | Reduciendo el costo del Internet

Miguel Callejas

Hace 2 semanas me veía revisando una tesis de una universidad con nombre de santo que hablaba del #CloudComputing como la solución al elevado procesamiento requerido por los supermercados al momento de facturar. Sí, el proceso de cobrar y notificar al inventario que ese ítem ha salido de las repisas es un poco más complicado que registrar tu nombre, apellido y dirección para tener una tarjeta y empezar a sumar puntos. No recuerdo el título de la tesis. Tenía la palabra hyper-threading en la segunda línea, eso sí lo recuerdo; porque estaba mal escrito.

En líneas generales, esto del #Cloud viene ya desde hace varios años en nuestro vocabulario. De hecho, el concepto mismo nace en 1950 cuando utilizábamos main-frames para las comunicaciones de tipo cliente-servidor; o como seguramente los llamaban en esos días: cliente-mainframe. No lo sé, no había nacido.

Básicamente, la idea de centralizar el procesamiento en una sola entidad para varios usuarios, es algo que vamos promoviendo hace un montón de tiempo. Sería complicado pensar que la facturación de cada caja en un supermercado se hace de forma local en esas computadoras, y que, al finalizar el día fueran enviadas todas a un solo sitio para que los bien conocidos geeks unan toda la información en una sola computadora más grande. Centralizar el procesamiento y sincronizarlo ha sido una práctica común desde hace un par de gobiernos.

Junto con la ola del #Cloud se vinieron un montón de nuevos términos también. Todas con la característica de servicio. Claro, como ya no existe la necesidad de procesar todo en tu computadora, los mismos grandes del internet te ofrecen todo lo que necesitas como un servicio en la nube. ¿Quieres almacenamiento para tus cinco mil fotografías de 18 megapixeles saltando en el Salar de Uyuni? No necesitas comprar ni un disco duro externo; IaaS (Infrastructure as a Service) es el modelo de negocio que te permite tener espacio disponible para almacenar tus datos en el mismo internet (Box, Dropbox, GDrive, etc.). Así como la infraestructura como servicio, la tendencia ha ido evolucionando a convertir cualquier requerimiento local en un servicio sobre el internet. No necesitas instalar nada con SaaS (Software as a Service), procesadores de palabras —la herramienta que estoy usando para escribir esta entrada del blog—, hojas de cálculo, editores de imágenes; todo lo puedes encontrar enmarcado en el mismo navegador de internet. XaaS. Eso es, en términos generales, la nube.

Sé que no suena tan novedoso ahora. Lo hemos estado utilizando, incluso involuntariamente durante varios años. Hablar de nube es hablar del internet. Es fácil identificar que la razón más importante por la que hemos decidido procesar/almacenar nuestros datos en el internet, es por la disponibilidad de recursos que tenemos en esas enormes granjas de servidores de las compañías reconocidas. Pensando exclusivamente en la población que no se puede permitir computadoras con procesadores muy rápidos ni discos de almacenamiento muy grandes. Acá tengo que mencionar a las #Chromebooks. Las laptops de la nube.

Ahora, todo el anterior párrafo solamente tiene sentido si la computadora promedio del boliviano tuviera un procesador Celeron de 1.3GHz y 256MB de RAM —no voy a hablar de las Quipus acá, no me obliguen—. Esta es la parte en la que invito a reconsiderar el principio empírico de Moore como regla general para hablar de crecimiento computacional. En pleno 2015, las computadoras promedio exceden en al menos 3 veces las características mínimas necesarias para las tareas convencionales de una mayoría importante de la población en el país.¹ Y esto no es porque somos extremadamente exigentes con los equipos que compramos; es simplemente porque el costo de los componentes para equipar una computadora han disminuido en proporción a como han aumentado su capacidad. Eso quiere decir, cada vez los procesadores y memorias son más capaces y menos costosas.

Ahora nace la pregunta: ¿Para qué necesitamos de la nube si nuestros equipos son tan eficientes? La verdad es que no la necesitamos, al menos como infraestructura. Como la vamos utilizando, los únicos argumentos considerables para utilizar la nube son: para aplicaciones basadas en web y para almacenamiento.

Aquí entra el concepto del Fog Computing. Este término entra en juego cuando empezamos a hablar seriamente de IoT (Internet of Things). Bien, vamos de maravilla conectando personas al Internet. Cada día, más usuarios nuevos, poblaciones enteras, con celulares o computadoras, todas empiezan a introducirse por primera vez en la red de redes. Sin embargo, estamos empezando a conectar #cosas. Árboles, electrodomésticos, semáforos, automóviles; todas estas aún siguen tan aisladas del internet como lo estaba nuestra gente hace un par de años. La convergencia es inevitable, esto está sucediendo, cada vez existen más cosas que se pueden conectar al internet. Ya no puedes calcular la cantidad de dispositivos conectados al WiFi de tu casa contando a los miembros de tu familia. ¿No se conecta tu SmartTV, tu Play Station, tu reproductor de BluRay, el equipo de sonido, tu laptop, celular y tableta? Ahora, cuando sumamos todo el requerimiento de ancho de banda de estos equipos, la nube empieza a ponerse gris y a preparar una lluvia de facturas de conexión.

Sucede a menudo, que te decepciones de lo poco que puede hacer tu SmartTV con una conexión de 512 Kbps.

Vamos cerrando ideas. Ahí tiene sentido la nube, en las cosas. Cuando vas a comprar un televisor, no preguntas con cuánta RAM viene, o qué tipo de arquitectura tiene su procesador. Esos equipos no tienen la capacidad que tiene tu computadora y necesita de la nube para poder darte todo lo que dice su manual que puede dar.

El Fog Computing, en contraste, lo que intenta es minimizar esa suma de recursos necesarios en tu proveedor de servicios de internet. Piensa en lo siguiente: si supieras que utilizas menos del 10% de los recursos de tu computadora personal, ¿no sería ideal que tu televisor pueda aprovechar un 5% de ese procesamiento disponible para presentarte una interfaz más amigable, mejor interacción y menús más fluidos? Ese es el Fog. El equilibrio, bien pensado, del uso razonable de ancho de banda en tu hogar, y el procesamiento que te sobra en la mesa de estudio.

Esto es: abrirnos a nuevas tecnologías y reducir costos de acceso. Y desde donde lo veo, es dejar que dos pájaros mueran sin tener que hacer ningún tiro.

¹ Dato basado en mi cotidiano relacionar con la gente técnica y no técnica durante los últimos 6 años.

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